Les adjunto un pequeño extracto de una pubicación que surgió a propósito de la programación de una Jornada de Carteles, tratando de pensar la cuestión de un escrito para ser leído - como es el escrito que se pretende compartir en nuestro caso.
Editorial: A viva voz - La puesta escénica a la que hay que apostar en una jornada de carteles
Silvia Puigpinos - Secretaria de Carteles EOL Sección Santa Fe
" En la sexta sesión del seminario "Piezas de repuesto", Jacques-Alain Miller recuerda que los historiadores insisten en subrayar algo que no va de suyo: que la lectura en voz baja fue un invento de imposición tardía y desviante, en lugar de tratarse, como nuestros hábitos nos llevan a suponer, de una práctica connatural a la aparición de la escritura. Eso se debió principalmente a que así lo exigían las carencias de las primeras escrituras: su falta de espacios entre palabras, de letras mayúsculas, de puntuación e incluso de vocales, obligaban a un desciframiento auxiliado por la pronunciación a viva voz. "Para que lo escrito —dice Miller— diga algo (…), el pasaje del escrito por la voz era condición para hacerlo legible. El escrito tenía que ser hablado para poder ser expresivo, elocuente". Avanzada la Edad Media, y definitivamente con la estandarización que trajo la imprenta, ocurrió el pasaje a la situación actual, donde ponerle la voz a un escrito, sobre todo a un escrito propio, resulta ser, en la práctica, un hecho infrecuente y para muchos excepcional. Al respecto, el dispositivo de las jornadas de carteles también empuja a lo escrito a realizar ese paso por la voz. Porque si el funcionamiento íntimo de los carteles alienta la producción, son las jornadas de carteles las que exigen que lo allá producido se pronuncie en público. Es un retorno al ágora.
¿Agrega algo esta puesta en voz alta? ¿O sería lo mismo sustituir las jornadas, tal como las practicamos, por un intercambio mudo por correo en el que circulen todos los textos entre todos los inscriptos? Espontáneamente respondemos que no, que no sería lo mismo.Pero las razones de la diferencia pueden permanecer inciertas. Creo que cabe abordar el dilema atendiendo a una expresión corriente y ambigua de los pasillos de las jornadas de carteles; me refiero al comentario de: "El trabajo me gustó mucho, pero no sabría qué decirte ahora. Quisiera tener antes una copia, porque lo tuyo es más para ser leído a solas que para ser escuchado. Es un verdadero escrito".
¿Cómo entender esta fórmula? O lo que es lo mismo: ¿cómo debo pronunciarla en voz alta? ¿A la manera de un cumplido, de un reproche, de una ironía? Aquí no vale buscar el lugar de la verdad en el modo en que el autor del comentario lo dijo originariamente. Somos corteses, somos de alentar a quien acaba de mostrar su producto; entonces, por lo general, debió sonar como un cumplido. Ahora bien, si coincidimos en que la mayor apuesta al lazo del dispositivo de las jornadas de carteles es la puesta oral y en presencia de los productos, entonces, no hay duda que valga: ese comentario debe interpretarse como la sanción de un fracaso. Porque si una jornada de carteles no es un libro ni es una revista, una ponencia para una jornada de carteles no debe ser un escrito. "
(extraído de www.eol.org.ar/template.aspSec=el_cartel&SubSec=cuaderno&File=cuaderno/001/puigpinos.html )

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