Les adjunto un texto sobre la noción de transferencia, contratransferencia y neutralidad del analista, que viene muy a cuento de todo lo que trabajamos en la clase pasada.
LA CONTRATRANSFERENCIA: UNA CRITICA FALLIDA A LA “NEUTRALIDAD BENEVOLENTE” DEL ANALISTA
por Adriana Rubistein
Me propongo ubicar el surgimiento de las teorizaciones sobre la contratransferencia aparecidas en la década del 50, como respuestas fallidas al problema creado por la vigencia de una concepción de la neutralidad analítica que, alejada de la lectura freudiana de la neutralidad, dejaba al analista en el lugar de un Otro completo, creando problemas en la práctica. Intentaré marcar algunas diferencias tanto con Freud como con las críticas y soluciones de Lacan a la “neutralidad benevolente” 1 del analista.
Hay una cantidad importante de trabajos sobre el tema que aparecen simultáneamente, pero tomaré como referencia el trabajo de Paula Heimann 2, conectándolo con la perspectiva freudiana y lacaniana de la neutralidad y marcando sus diferencias.
Paula Heimann y la contratransferencia
Paula Heimann introduce el problema preocupada porque “muchos candidatos se muestran temerosos y culpables” por sus sentimientos hacia sus pacientes, los ven como fuente de perturbación, y “evitan toda respuesta emocional convirtiéndose en insensibles y desapegados (detached)”. 3
Nos dice que hay que buscar “el origen de ese ideal de analista desapegado” y, según ella, esto surge de una mala interpretación de las afirmaciones de Freud, tales como su comparación con la posición del cirujano cuando opera o su similitud con el espejo. Encuentra que en la literatura analítica se hacen descripciones del trabajo analítico que dan lugar a la noción de que ”un buen analista no siente nada más allá de una uniforme y suave benevolencia hacia su paciente” y de que cualquier sentimiento es un disturbio.
Propone entonces como solución emplear la contratransferencia, es decir “los sentimientos que el analista experimenta con su paciente” en la situación analítica como “un instrumento de investigación en el inconsciente del paciente" y, entender el análisis como “una relación entre dos personas, que se distinguen de las otras relaciones por el grado de los sentimientos experimentados y el uso que se hace de ellos: O sea, que los dos sienten, pero con un grado y un uso diferente".
Esto repercute en la formación del analista ya que para ella, la finalidad del análisis de un futuro analista no es convertirlo en un “cerebro mecánico que puede producir interpretaciones sobre la base de un procedimiento puramente intelectual, sino permitirle sostener los sentimientos que se despiertan en él, sin expresarlos, a fin de subordinarlos al trabajo analítico en el cual funciona como espejo del paciente.”
Asevera que “si un analista trabaja sin interrogar sus sentimientos, sus interpretaciones serán pobres”. A la atención flotante, para seguir las asociaciones libres, hay que agregarle la exigencia de una “sensibilidad emocional”, que le permita seguir los movimientos emocionales del paciente.
Su postulado de base es que “el inconsciente del analista comprende el inconsciente del paciente”. La comprobación de los sentimientos suscitados en el analista por las asociaciones libres y el comportamiento del analizante es el medio más seguro de verificar si se ha comprendido o no a un paciente: “ayuda al analista a focalizar su atención en los elementos urgentes de las asociaciones y sirve de criterio para seleccionar las interpretaciones” ya que, para ella, la contratransferencia del analista es la creación del paciente, es parte de la personalidad del paciente.
Heimann no está de acuerdo en comunicar sus sentimientos al paciente sino en emplear las emociones del analista como fuente de insight de los conflictos y defensas inconscientes del paciente. El paciente ve que su analista es un ser humano “no un dios o un demonio”. De este modo, a la neutralidad benevolente que deja al analista como Dios inhumano, le contrapone la humanidad del analista y sus sentimientos.
Freud y la neutralidad
Respuesta fallida que se desvía de la perspectiva freudiana tanto como aquellos a los que critica. Para Freud, la exigencia de neutralidad del analista es un esfuerzo por reducir el efecto subjetivo del analista como persona, de mantenerse con rigor a la altura de la ciencia —aunque diferenciándose de ella— 4 y de evitar que el analista intervenga con sus deseos, con sus fantasmas o con su yo haciendo obstáculo a la emergencia del inconsciente.
Es cierto que para Freud la neutralidad no supone un analista indiferente situado en el lugar de un Dios benevolente, puro espejo, como entendieron algunos postfreudianos. El analista freudiano no es un Otro completo, no ritualiza su técnica y sostiene un deseo decidido por producir cambios a partir del descubrimiento del inconsciente y de la interpretación.
Pero tampoco se trata del analista como persona. Por el contrario, de un recorrido por sus textos se desprende que Freud apela a la neutralidad para orientar la interpretación por la lectura del inconsciente y no por los juicios de valor del analista, por sus prejuicios o por la comprensión propia del yo. 5 En este sentido debe entenderse la introducción de la atención flotante como correlato para el analista de la regla fundamental y su afirmación de que es necesario “volver hacia el inconsciente emisor del enfermo su propio inconsciente como órgano receptor.” 6 Este punto siempre problemático cuando abordamos la lectura de Freud fue extraído de su suelo y distorsionado por las teorías de la contratransferencia, entendiendo como hemos visto, que “el inconsciente del analista comprende el inconsciente del paciente”. Puede pensarse en cambio, que esta afirmación es el modo que Freud encontró para resolver el problema que le presentaba en la cura el yo del analista obturando el inconsciente que requiere ser escuchado en los dichos del paciente. Actuar desde lo inconsciente para no actuar con el yo.
Como no hay reglas fijas para la interpretación, y esto deja un amplio campo al tacto y a la destreza del analista, Freud considera necesarias “neutralidad y ejercitación” 7 a fin de obtener resultados confiables que se confirmarán por su repetición en casos similares. Los juicios de valor están sesgados por las ilusiones, las fantasías, los prejuicios y los deseos inconscientes del analista. Y no es por ellos que el analista se orienta. Podría hablarse extendiendo los términos, de una “orientación freudiana por lo real” en contra de la ilusión y de la creencia como fundamento de la interpretación.
Lacan y la falta en el Otro
También Lacan criticó esa neutralidad benevolente del analista, pero al mismo tiempo se opuso a las dificultades introducidas en la práctica por las teorías de la contratransferencia.
Podríamos pensar que en su empeño por volver a interrogar el compromiso y la posición del analista en la cura hay un movimiento que va del analista como Otro (para sacarlo de la relación dual), al analista como Otro con una barra y que este movimiento lo lleva a recomendar en algunos casos la “vacilación calculada de la neutralidad” 8 y a sus conceptualizaciones sobre el deseo del analista. Un deseo que saca al analista del lugar de puro espejo, de Otro completo, que introduce en la transferencia la falta en el Otro como estructural, pero que se diferencia de sus deseos como $ tanto como de sus sentimientos como persona, de sus prejuicios y de su yo. Deseo de deseo, deseo de analizar y de producir efectos, no Otro “neutral”.
Resultan interesantes en esta perspectiva, las consideraciones que Lacan hace en El Seminario La Angustia 9 sobre las intervenciones de Margaret Little con su paciente Frida. 10 M. Little a diferencia de P. Heimann, busca legitimar la comunicación de los sentimientos del analista. En su relato del caso se hace oír su preocupación por la responsabilidad del analista, al tiempo que muestra, en nombre de la “confesión contratransferencial”, las modificaciones que produce la vacilación de su neutralidad en un análisis estancado por el fracaso de la técnica interpretativa standard. Sin compartir sus fundamentos teóricos, Lacan destaca, sin embargo, los efectos de sus intervenciones a la luz de la función de corte y señala en ellas la introducción de un punto de falta del lado de la analista que hace posible su caída del lugar de Otro completo, de analista sin deseo en el que sus interpretaciones la habían colocado. Lacan avanzará desde allí hacia el deseo del analista dando nuevo ordena al problema, saliendo al mismo tiempo de los límites de la teoría de la contratransferencia y de los impasses a los que habían llevado las lecturas sobre la neutralidad.
Notas
1. Lacan, J.: “Variantes de la cura tipo”, en Escritos I, México, Siglo XXI, 1976.
2. Heimann, P.: “On Countertransference”, International Journal of Psychoanalysis, Vol. 31, 1950.
3. La traducción es mía.
4. “Sucede que un psicoanálisis no es una indagación científica libre de tendencia, sino una intervención terapéutica; en sí no quiere probar nada, sino sólo cambiar algo. Siempre, en el psicoanálisis, el médico da al paciente las representaciones-expectativa con cuya ayuda pueda este discernir y asir lo inconsciente.” (S. Freud, “Análisis de la fobia de un niño de cinco años”, Obras Completas, Vol. 10, Bs. As., Amorrortu, 1985).
5. Ver en Freud,S.: “Psicoanálisis y telepatía”; “El significado ocultista del sueño”; “El porvenir de una ilusión”; “El malestar en la cultura”.
6. Freud, S.: “Consejos al médico sobre el tratamiento psicoanalítico”, Obras Completas, Vol. 12, Bs. As., Amorrortu, 1976.
7. Freud, S.: “Dos artículos de enciclopedia: «Psicoanálisis» ”, Obras Completas, Vol. 18, Bs. As., Amorrortu, 1976.
8.Lacan, J.: “Subversión del sujeto y dialéctica del deseo en el inconsciente freudiano”, Escritos II, Bs. As., Siglo XXI, 1992.
9. Lacan, J.: El Seminario 10. La angustia, inédito.
10. M. Little, “The analyst's total response to his patient's needs”, International Journal of Psychoanalysis, Vol. 38, 1957.